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  El taller de Fernando Torrent  
   
 
Muchos sospechábamos que no todos aquellos mudéjares de alma de barro y manos de sueños marcharon lejos. Sospechábamos que tanta tierra roja, que tantos brillos verdes, que tantos ladrillos bien puestos no podían quedar huérfanos, amparados por la sola protección que el cristiano da a sus campanarios. Sabíamos que alguno de aquellos mudéjares había hecho honor a su nombre y se había quedado...
De repente nos topamos con la obra de Torrent y verificamos que teníamos razón. No todos se fueron.
Tropiezas con ladrillos bien puestos, con los mágicos brillos verdes, con la tierra roja que deja el suelo para escalar la pared de una torre...
Además, la paciencia y saber que otorgan los siglos, le han abierto las puertas a nuevos sueños, le han obligado a ir más lejos, a saber qué hacen otros con otras tierras, con otros brillos...
Y, así, con nuestras y otras tierras, con nuestros y otros brillos, Fernando fabrica sus sueños...
Así, el barco de papel que soñó de niño ahora es de porcelana.
Baja a su taller, junto al río. Abre bien los ojos y escucha... En la vega de Teruel no solo se escuchan los pajarillos y el rumor de las choperas. En la vega de Teruel se escuchan los sueños del torno, el amor del horno, la alegría de la tierra...